El mito de las Hespérides (las versiones clásicas)
El mito de las Hespérides (las versiones clásicas)
*Texto original en inglés por Liana Miate
*Traducido y adaptado al español por Diego Villa Caballero
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El jardín de las Hespérides por Edward Burne-Jones. V&A Museum. |
Nacimiento y familia
En ocasiones también son nombradas como las hijas del dios del mar
Forcis y el monstruo marino Ceto.
El jardín de las Hespérides
En la Antigüedad, el jardín era famoso por sus manantiales de néctar y por su tierra que daba los frutos más exquisitos de los dioses. El jardín de las Hespérides era el jardín huerto consagrado a la diosa Hera. Se creía que existía cerca de la cordillera del Atlas (noroeste de África). Sin embargo, Apolonio de Rodas ubicó los jardines cerca del lago Tritón en Libia, mientras que el geógrafo griego Estrabón (63 a.C. a 23 d.C.) creía que estaba ubicado en Tartessos (sur de España). Algunas leyendas afirman que la ubicación del jardín debía irse trasladando más hacia el océano occidental a medida que su ubicación se hacía de conocimiento común.
Según el autor griego Escílax de Carianda (en torno al siglo VI a.C.),
el jardín estaba rodeado por un alto muro por todos lados y estaba lleno de diferentes
tipos de árboles frutales. Durante la antigüedad, el jardín era famoso porque
brotaban manantiales de néctar y crecían de la tierra los obsequios más raros
de los dioses. El jardín de las Hespérides se compara a menudo con el jardín
del Edén.
Las Hespérides eran algunas de las muchas deidades que los antiguos
griegos creían que ejercían control sobre la naturaleza. En ese sentido, las
Hespérides eran para ellos una forma de entender el fenómeno de la puesta del
sol. Imaginaban cada cielo nocturno como un jardín que generalmente estaba
oculto a los ojos humanos, excepto por breves períodos durante la noche.
Las manzanas doradas
El concepto de las manzanas inmortales es una idea común compartida por
algunas culturas antiguas, especialmente los antiguos griegos y los antiguos
nórdicos. En la boda de Zeus y Hera, todos los dioses trajeron grandes regalos.
La madre tierra (Gaia) les dio a sus nietos el regalo más grande de todos: un
árbol de oro con manzanas doradas que otorgaban la inmortalidad a cualquiera
que las poseyera (algunas fuentes afirman que el árbol dorado fue un regalo de
Zeus). Zeus y Hera estaban dichosos con este regalo, y las Hespérides
recibieron la tarea de proteger las manzanas en nombre de Hera. Según algunas
fuentes, estas manzanas doradas fueron las que dieron a los dioses olímpicos su
inmortalidad. Las Hespérides, por su parte, paseaban por el jardín y le
cantaban al árbol.
"EL UNDÉCIMO TRABAJO DE HÉRCULES CONSISTÍA EN OBTENER LAS MANZANAS DE
ORO".
La historia más famosa que involucra a las manzanas doradas es la de
Hércules (Heracles) y sus doce trabajos. Después de que el legendario héroe
griego Hércules se volviera loco y matara a su esposa Megara y a sus hijos, fue
en busca de redención. Hércules acudió al oráculo de Delfos, quien le aconsejó
que viajara hasta donde se encontraba su primo Euristeo, el rey de Tirinto, y
le ofreciera sus servicios.
Hera, quien sentía resentimiento contra Hércules, persuadió a Euristeo
para que le asignara a Hércules una serie de tareas peligrosas y desafiantes, y
así dieron inicio los doce trabajos de Hércules. El undécimo trabajo consistía
en obtener las manzanas doradas. La ubicación del jardín de las Hespérides
estaba tan bien escondida que Hércules tuvo que preguntarle a Nereo, el viejo
dios del mar, dónde estaba ubicado. Después de que Hércules liberara a
Prometeo, este se ofreció a ayudarlo en su búsqueda de las manzanas. En una
versión del mito, se sugiere que Hércules hizo que Atlas obtuviera las manzanas
para él mientras sostenía los cielos. Atlas fue a buscar tres manzanas al
jardín de las Hespérides, pero se mostró reacio a volver a su deber.
Entonces Hércules lo engañó pidiéndole que sostuviera los cielos mientras
encontraba algo para ayudar a aliviar la carga.
En otra versión de la historia tenemos a Hércules enfrentando y derrotando a Ladón, una serpiente feroz, perteneciente a Hera, que se había enroscado alrededor del árbol dorado. Ladón había reemplazado a las Hespérides en la tarea de proteger el árbol, ya que ellas no habían sido capaces de resistir la tentación de tomar y comer las manzanas doradas. Posteriormente, las manzanas fueron recuperadas de las manos de Euristeo y fueron devueltas a las Hespérides por la bondadosa Atenea que sintió lástima por ellas. Algunas fuentes afirman que después de que Hércules completó sus doce trabajos, su cuerno se llenó con la fruta dorada de las Hespérides y este se llamó cornucopia (cuerno de la abundancia).
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Hércules en el jardín de las Hespérides por Giovanni Antonio Pellegrini. |
Se dice que Eris, la diosa de la discordia y el conflicto, obtuvo su famosa manzana dorada de la discordia del jardín de las Hespérides. Esta manzana se usó para provocar problemas en la boda del rey Peleo de Ftía y la ninfa marina Tetis y fue el catalizador de los eventos que llevaron a la Guerra de Troya.
La cazadora Atalanta también apareció en otro mito en el que las tres manzanas doradas cobran protagonismo. Atalanta se había negado a casarse con alguien a quien ella pudiera superar en una carrera. Sin embargo, un pretendiente llamado Melanión estaba decidido a casarse con Atalanta. Así que Afrodita le dio tres manzanas doradas. Durante la carrera, arrojó una de las manzanas delante de Atalanta, y ella dejó de correr para mirarla más de cerca, sin poder resistir la belleza de la manzana dorada. Repitió la misma acción con la segunda y la tercera manzana, con lo que finalmente ganó la carrera y la mano de Atalanta en matrimonio.
Las Hespérides y los
Argonautas
En el Libro 4 de las Argonáuticas de Apolonio de Rodas, el héroe
griego Jasón y los argonautas cuentan con la ayuda de un fuerte elenco de
figuras femeninas, incluidas las Hespérides, en su búsqueda para encontrar el
vellocino de oro. Jasón y los argonautas llevaron el barco Argo sobre sus
hombros durante doce días y doce noches a través de los desiertos de Libia.
Cuando entraron en el lago Tritón, finalmente bajaron la embarcación y
corrieron con una sed loca, tratando de encontrar un manantial del
cual beber.
Llegaron al hermoso jardín de las Hespérides, donde estas solían cantar
mientras custodiaban las manzanas. Allí encontraron a la serpiente Ladón muerta
por el ataque de Hércules. Las Hespérides habían estado lamentando
profundamente su muerte, pero tan pronto como los argonautas se acercaron,
estas enmudecieron y desaparecieron en una nube de polvo y tierra. Orfeo, el
talentoso bardo que viajaba con Jasón y los argonautas, invocó a las Hespérides
para ganar su ayuda.
"Deidades hermosas y benévolas, sednos propicias, soberanas, ya si os contáis entre las diosas celestes, ya si entre las infernales, ya si os llamáis ninfas solitarias; venid, ¡oh ninfas!, sagrada estirpe de Océano, y mostradnos, apareciendo visibles ante nosotros que lo deseamos, algún chorro de agua en la roca o alguna sagrada corriente, diosas, que mane de la tierra, con la cual apaguemos nuestra sed, ardiente en extremo. Y si de nuevo algún día llegamos a la tierra Aquea en nuestras navegaciones, entonces de buen grado os ofreceremos, entre las primeras de las diosas, incontables regalos, libaciones y banquetes". (Apolonio de Rodas, Jasón y el vellocino de oro (Las Argonáuticas), 4.1411-1420).
Las Hespérides sintieron lástima de aquellos hombres cansados y
sedientos y levantaron árboles del suelo. Héspere se transformó en un álamo,
Eriteide en un olmo y Egle se convirtió en el tronco sagrado de un sauce. Luego
recobraron de nuevo su apariencia habitual. Egle les contó a los
hombres sobre la visita de Hércules a su jardín y su desesperada sed. Les
informó que había encontrado una roca cerca del lago Tritón, y pateandola provocó
que brotara una gran corriente de agua. Después de terminar de hablar, señaló
la dirección de este arroyo, los argonautas corrieron con alegría, lo
encontraron y acabaron con su sed.
Las Hespérides y Perseo
En su búsqueda para matar a la gorgona Medusa, el héroe griego Perseo
buscó la ayuda de las Grayas (tres hermanas ancianas que compartían un ojo y un
diente entre ellas). Perseo se negó a devolverles el diente y el ojo hasta que
le dieran información valiosa. Le dijeron que buscara el jardín de las
Hespérides, y que allí podría averiguar dónde se encontraba Medusa. Perseo
viajó al jardín de las Hespérides, pero estas se negaron a decirle la ubicación
de Medusa y, en cambio, le ordenaron que le preguntara a Atlas.
Atlas le ordenó a una de las Hespérides que bajara al inframundo y
trajera el casco de Hades, el cual protegería a Perseo de la mirada mortal de
Medusa. Las Hespérides despidieron a Perseo con un triste adiós. Después de
haber matado a Medusa, Perseo regresó al jardín y las hermanas se llenaron de
alegría al ver que todavía estaba vivo.
Culto
En su Descripción de Grecia, Pausanias (en torno al 115
al 180 d.C.) menciona que en el templo de Zeus en Olimpia, había paneles
para mantener al público alejado del trono de Zeus, y en estos paneles había
pinturas de Paneno, hermano del famoso escultor griego Fidias. Una de estas
pinturas representaba a dos de las Hespérides sosteniendo manzanas. La gente se
llevó estas Hespérides del tesoro de Olimpia y trasladadas al templo de Hera.
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